Un sistema para predecir desastres

Mallorca inundaciones 2


Toda España se estremeció en octubre del año pasado cuando una tromba de agua dejó una docena de muertos en San Lorenzo, Mallorca. Fueron unas inundaciones calificadas como las peores en siete décadas. La gran cantidad de agua caída en tan poco tiempo desbordó un torrente que parecía “diseñado por un asesino en serie”, según los servicios de emergencia, provocando con ello riadas que arrastraron sin piedad con todo aquello que encontraban a su paso. Cientos de vecinos sufrieron la desolación de ver arruinadas sus casas y sus bienes materiales y tuvieron que ser evacuados mientras otros, como pudieron, se afanaron a los tejados o incluso a los árboles para salvarse de la imparable fuerza del agua.


Fueron imágenes que todavía hoy conmueven y ponen los pelos de punta. Un canario realizó, tiempo después, un estudio de lo sucedido, una reconstrucción de por qué había pasado lo que pasó. El trabajo logró reconocimiento en el ámbito profesional en que se mueve Guillermo Santana González, ingeniero de recursos hídricos (o ingeniero hidrólogo), que fue invitado a presentarlo en distintos foros europeos de su especialidad. Hoy asesora al Consejo Insular de Aguas de Tenerife para establecer un sistema de alerta temprana ante inundaciones y hacer predicciones.


“El archipiélago balear y el nuestro se parecen bastante, porque estamos hablando de cuencas muy pequeñas, no como en la Península. Lo complicado en estos casos es que cuando empieza a llover, en una tormenta, las crecidas de los barrancos ocurren en cuestión de dos o tres horas y es muy poco tiempo para la toma de decisiones”, explica a EnergyHub. En la cuenca del Ebro, por ejemplo, si empieza a llover en cabecera y comienza a crecer el río, “esa crecida tarda 24 o 48 horas en propagarse” por el cauce. Eso da un cierto margen a Protección Civil para tomar decisiones y evacuar a la población. Pero en las islas eso no se puede hacer, porque no se dispone de ese tiempo de respuesta.


“Aquí es mucho más complejo y la única solución son los sistemas de alerta temprana ante inundaciones. Valiéndose de los modelos hidrológicos, su función principal es ver cuánta lluvia se transforma en escorrentía, que es al final lo que le interesa a las personas”, subraya. De esa lluvia qué es lo que va a preocupar, en definitiva. Con el modelo se pueden utilizar los datos existentes sobre esa predicción de lluvias para simular el estado de los cauces, de los barrancos y así poder emitir algún tipo de alerta hidrológica, incluso 24 horas antes se podría saber algo con las previsiones meteorológicas en la mano.


Este sistema de alerta temprana es una novedad en Canarias y el Cabildo de Tenerife ha sido el primero en ponerlo en marcha. Es cierto que el Gobierno de Canarias aprobó el año pasado el Peinca (Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Inundaciones), donde se insta a los consejos insulares de agua a establecer estos sistemas de alerta. También desde la Unión Europea se ordenó a todas las demarcaciones hidrográficas que redactaran planes de gestión de riesgo de inundaciones, algo que en el caso de Canarias permite identificar los barrancos con potencial riesgo de inundaciones.


¿Qué es una inundación?, surge la pregunta al especialista, por elemental que parezca la cuestión. “Pues hay muchos tipos. Se trata, en definitiva, de que algo se desborde, un río, un barranco o una red pluvial. Ese desbordamiento genera un flujo de agua que puede ser potencialmente peligroso”, explica, y las hay “que se expanden en la superficie, como en la Península o las que se dan más en nuestras islas, que generan torrentadas, avenidas de mucho caudal”, añade. Siempre se dice que el problema en las islas es haber construido en el cauce de los barrancos y que por eso al llegar las lluvias fuertes surge un gran peligro. “Ha sido así hasta finales de los 90, aproximadamente. Se ha construido en cualquier sitio, pero a día de hoy se ha mejorado enormemente, sobre todo, a nivel de planeamiento, porque los planes generales tienen supervisión de los consejos insulares de agua, que tienen además equipos que identifican esas ocupaciones de cauce y se toman las acciones necesarias”, dice. Si bien hay estudios que apuntan a que el cambio climático traerá precipitaciones más intensas, lo que más se ha modificado es el territorio, porque “a lo mejor una lluvia hace cien años no provocaba tantos trastornos”. Por ello, cree que las ciudades deben transformar su forma de construir, elminando asfalto y hormigón en la medida de lo posible, para que las superficies sean menos impermeables.


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